viernes, 28 de febrero de 2014

"La salida" de Maduro



Por: José Félix Lafaurie Rivera*
@jflafaurie

No hay nada más efectivo que incendiar afuera, para apagar adentro. Fue la estrategia más valiosa que heredó Maduro del castro-chavismo. La consigna: desviar la atención de las masivas movilizaciones, con la torpe acusación de una supuesta conspiración desde Colombia que, inevitablemente, pasa por insultar al expresidente Uribe. Por supuesto, ni allá ni aquí, tragamos el sapo. Sin embargo, sabemos que en nuestro patio trasero, un incendiario que no es más que un títere de Cuba, juega con caza bombarderos Sukhoi y alienta una guerra psicológica que desestabiliza aún más su gobierno y castiga a los compatriotas fronterizos. Lo grave, es que Colombia no es capaz de rechazar la represión contra la legítima protesta venezolana y exigir respeto a nuestra dignidad, más allá de una floja declaración de Cancillería.

Es el precio que debe pagar el Presidente-candidato por los favores del “Castro-chavismo”, para mantener los diálogos con las Farc, bandera de su campaña reeleccionista. Mientras tanto, existe una crisis en Venezuela que toca fondo. La presencia en la calle del movimiento estudiantil, es la evidencia de que la protesta tiene su origen en la carestía, el desabastecimiento y la desesperanza del ciudadano de a pie. Los estudiantes encarnan la resistencia a un futuro incierto sin libertades y su alzamiento materializa el malestar generalizado contra un modelo económico obsoleto y un gobierno ineficiente, arbitrario, corrupto y represivo. No será promoviendo un “diálogo” como Maduro solucionará la crisis. "La salida" es sólo una: dar un paso al costado para acabar la farsa cubana y adoptar reformas que restablezcan el Estado de Derecho. 

Algo debe saber él o su incompetente burocracia, sobre la denominada “Primavera Árabe”. Un fenómeno de inconformismo que inició entre los jóvenes, ganó miles de adeptos y terminó con el derrocamiento de los gobiernos de Arabia Saudita, Egipto, Libia y Yemen. No hay otra "salida". Puede prender fuego en la frontera, buscar espías en Colombia o apresar a la oposición, pero sólo servirá para inflamar más los ánimos entre la población, que no está dispuesta a soportar por más tiempo la restricción de libertades y la falta de bienestar, por cuenta de que su inmensa riqueza hoy sólo sirve para soportar la oprobiosa dictadura cubana y el regalo a manos llenas de su petróleo a otros gobiernos fieles al Foro de Sao Paulo.

El desastre económico es evidente. Una corrupta burocracia absorbe los recursos petroleros, mientras el déficit fiscal alcanza el 20% del PIB. El crecimiento de la economía es nulo. La inflación y la devaluación, llegarán este año a 80% y 70%, respectivamente, en un círculo perverso que genera escasez de alimentos, falta de divisas, pérdida de poder adquisitivo y empobrecimiento. Eso sí, mantienen los mecanismos de control y adhesión política al régimen, con un gasto público insostenible en “Misiones” y subsidios para el “pueblo revolucionario chavista”. Auténticos “chupa sangre” del presupuesto que no generan valor, acabaron la iniciativa privada, el empleo y apagaron el aparato productivo.

Venezuela se pierde ante la impávida mirada del continente. No hay peor gobierno que aquel que anula las herramientas de política monetaria y fiscal con torpeza desmedida, empobrece a su clase media y reprime las libertades y derechos humanos. Como tampoco hay peor ciego, que aquel que no quiere ver lo legítimo en las demandas del pueblo venezolano en la calle. No es un tema de “ultraderechas”, “fascistas” y “golpistas” en la oposición ni en Colombia. Es una realidad que reclama compromiso ético y político de los gobiernos del subcontinente, para restaurar el Estado de Derecho y la democracia en Venezuela. Es urgente revitalizar la OEA, minimizada en la cumbre de la Celac. Ni Santos ni la tropa de la Celac, el Alba o la Unasur, pueden seguir auspiciando la debacle de Venezuela, cuando saben que en la coyuntura está de por medio, inclusive, la estabilidad de la subregión. ¿A propósito dónde está Obama? 

*Presidente Ejecutivo de Fedegán

viernes, 21 de febrero de 2014

Se madura la “cubanización”



Por: José Félix Lafaurie Rivera*
@jflafaurie

Parece inevitable la “cubanización” de Venezuela. El ineficiente régimen de Maduro capitalizó las recientes protestas para profundizar la tendencia autoritaria. Han sido 5 lustros de anulación de libertades, pero ahora el colapso de la cuasi-democracia es inminente. Maduro y su séquito del Socialismo del Siglo XXI necesitan acallar por la fuerza, el enorme malestar de un país que escapó a su gobernabilidad. Vergonzoso que el hemisferio y particularmente Colombia, avalen con su silencio la escalada de represión y el ilegítimo encarcelamiento de Leopoldo López, líder de la oposición venezolana. Sometido como está el Presidente Santos a los diálogos en La Habana, apadrinados por el Castro-Chavismo, sólo hizo un “llamado a la calma” para sacudirse el deshonor y seguir “de agache”.

Es una traición a la tradición democrática que valoramos 44 millones de colombianos. Una afrenta para más del 50% de venezolanos que esperaba solidaridad de este lado de la frontera. El llamado a la calma fue un tímido maullido, ante el discurso vociferante de Maduro, para justificar lo indefensable y buscar apoyos en su zona de confort: la Celac, el Alba o la Unasur, que son la misma patraña Castro-Chavista para borrar de la región la fiscalización a su régimen. Allí están sus aliados de la izquierda, aderezados y algunos comprados con la riqueza petrolera; la única fuente que sostiene a Maduro, incluso para aceitar de puertas para dentro una enorme burocracia, que se rige al igual que en esos organismos multilaterales, por una cadena de pagos de favores y salvavidas a las pretensiones, ocultas o explícitas, de unos y otros.

Lo graves es que de la mano del Presidente Santos, Colombia terminó enredada en ese hipócrita integracionismo, que mantiene la farsa de proteger las libertades y los derechos humanos, mientras muchos de esos gobiernos ejecutan tenebrosas prácticas totalitarias, al peor estilo estalinista, para desaparecer, torturar o encarcelar supuestos “golpistas” y “fascistas” de la disidencia. Organismos anti-capitalistas y anti-imperialistas, que buscan suplantar instancias internacionales que surgieron, esas sí, de una auténtica conquista por la libertad, la igualdad y la dignidad humana. Derechos indivisibles e inalienables, con el mismo rango de exigibilidad y justicia, que Maduro hoy patea en las narices de los gobiernos “amigos” que se autodenominan democráticos y de la propia OEA, arrodillada en la cumbre de la Celac en Cuba.

Son pasos para instaurar una zona de impunidad, inhabilitando el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, su Corte y Comisión, sacadas a empellones de Venezuela y vapuleadas en Ecuador, Bolivia y Nicaragua, ante la mirada acrítica de nuestro Gobierno. Y es que no caería mal unir esfuerzos para eliminar el poder de esas instancias sobre los déspotas de allá y sobre los desafueros que campean aquí desde la mesa de negociación en Cuba, donde las Farc, buscan la misma impunidad de sus mentores. Claro es, entonces, que la oposición en Venezuela está sola. Desaparecieron los defensores de la democracia liberal y emergieron gobiernos permisivos con los excesos de las dictaduras.

Sabemos que en Venezuela se abolió la división de poderes, con un ejecutivo que concentra el poder, incluso el judicial y gobierna por decreto. La criminalización de la protesta es pan de cada día, junto con el asedio a la oposición, la afectación de las reglas electorales, el veto a la información y la militarización de la sociedad con milicias irregulares protegidas por el Estado. La inseguridad y una economía en la peor crisis de su historia, tocan la ineficiente dupla Maduro-Diosdado Cabello, incapaz de controlar el aparato estatal y la polarización social y política que hoy llegó al límite. Así las cosas, el esclarecimiento de los crímenes, la libertad de los opositores, el restablecimiento del Estado de Derecho y las libertades en Venezuela, serán para otra ocasión. Del Gobierno de Colombia nada se puede esperar. Con la vergonzante mordaza de los diálogos con las Farc, tiembla ante el rugido de líder bolivariano.

*Presidente Ejecutivo de Fedegán.

viernes, 14 de febrero de 2014

Alianza Pacífico, otra ilusión



Por: José Félix Lafaurie Rivera*
@jflafaurie

Los flashes, el champán y el cruce de manos entre los 4 dignatarios de la Alianza Pacífico (AP), nos vendieron otro espejismo de los supuestos mercados ampliados. Desde el glamoroso evento de Cartagena –un desaire para Cali, Quibdó, Tumaco o Buenaventura, cuya inseguridad y pobreza avergüenza a nuestro mandatario– no se escatimó en anuncios de primera plana. Comercio libre para el 92% del universo arancelario, generación de empleo, aumento del PIB y la inversión e integración a la Cuenca del Asia-Pacífico. ¡Delirante! Pero la verdad es otra para el sector agropecuario. El acuerdo inconsulto profundizó las inequidades pactadas en los TLC de 2009 con esas economías. La costumbre de este Gobierno de desgravar en papel, nos dejó más desprotegidos y sin resolver las restricciones en México y Chile para nuestra oferta agroalimentaria.

Sí, ni los socios ni las falsas promesas eran nuevos y salvo con Perú –un mercado activo de vieja data para nuestras exportaciones– en la AP no hay nada que hacer, aunque las oportunidades son enormes. Una premisa que aplica para los otros 19 acuerdos suscritos, en donde el sector ha sido el gran perdedor de siempre. Ese que menosprecia el Gobierno, aunque el campo esté sumido en una desesperanza que puede terminar en un estallido social de incalculables consecuencias. Ahí está la ganadería. Aunque los TLC nos dejaron la prerrogativa de exportar más de 59.000 toneladas de ganado en pie y productos cárnicos y otras 32.000 de leche y sus derivados, no hemos podido vender un kilo de carne, mientras que las de quesos o leches son francamente famélicas. Seguimos dependiendo dramáticamente del inestable mercado venezolano.

No importa que nuestros productos tengan un plus comparativo en calidad o precio frente a los socios, como ocurre en esta coyuntura de precios deprimidos del ganado colombiano. Sencillamente la admisibilidad es nula. Llevamos 8 años buscándola sin resultados. Están de por medio barreras zoosanitarias, cuyo desmonte tampoco se exigió en el Protocolo Adicional de la AP. Pero no fue lo único que nos dejó este acuerdo. A la desgravación arancelaria y la reducción en tiempos para liberar productos sensibles de nuestra economía agropecuaria, se sumó la eliminación del Sistema Andino de Franjas de Precios. En contra partida, se establecieron periodos amplios de protección para México, con impuestos a la entrada para bienes en los cuales Colombia podía tener alguna oportunidad.

Es un acuerdo más, que abultará los saldos en rojo. Basta observar la balanza comercial entre Colombia y México que ha sido tradicionalmente deficitaria. En 2013 el monto negativo es de US$4.200 millones, pero es diciente el aumento del 150% desde 2009, cuando se perfeccionó el actual TLC. Pese a ello, organizamos la VIII cumbre de la AP –en el Caribe, no en el Pacífico donde es más evidente el abandono estatal y las asimetrías de nuestra cuenca, frente a los desarrollos de México, Chile, Perú o de cualquiera de los 30 observadores del pacto–. Y reincidimos en dejar lo ancho para ellos y lo angosto para nosotros, incapaces de evolucionar en una negociación que representará una oportunidad y no otra amenaza para el “agro” colombiano.

¿Puede el Gobierno seguir fiando tratados sin exigir condiciones equitativas, para favorecer la efectiva exportación de nuestros agroalimentos? ¿Por qué no avanza la agenda interna, única fuente para que el sector productivo pueda dar el salto cualitativo, mitigar los choques del mercado externo y asegurar la infraestructura mínima para competir? Muchos empresarios entusiastas quedarán embarcados en la riesgosa aventura y abandonados a su suerte. Adentro se encontrarán sin carreteras en el Pacífico, sin puertos de gran calado, un sistema sanitario ineficiente y transporte costoso, en medio de una población empobrecida y asolada por el narcoterrorismo. Y afuera con barreras arancelarias y pararancelarias infranqueables. Dos miradas lamentables que exigen acompañamiento, responsabilidad y promoción de un Gobierno con los pies en Colombia y no en La Habana.

*Presidente Ejecutivo de Fedegán